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ENTREVISTA


Entrevista a Horacio Castellanos Moya, autor de "La Sirvienta y el Luchador"

"SIEMPRE LA FICCIÓN DA UNA ÓPTICA QUE NO DA LA HISTORIA"

Horacio Castellanos Moya es un escritor de esos que suelen categorizarse como "viscerales". Las comillas no son peyorativas; en este caso, sirven como destaque a un escritor contemporáneo a quien aplica el calificativo con más propiedad que a ningún otro. En su última novela, "La sirvienta y el luchador" (editada por Tusquets en Argentina durante el mes de julio) deja claro que es una de las voces más honestas, descarnadas y eficaces de la literatura latinoamericana actual.
Desde Cine y Medios le hicimos llegar algunas preguntas y en esta nota las compartimos con ustedes.

Cine&Medios: ¿Cuál fue su punto de partida para "La sirvienta y el luchador"?
Horacio Castellanos Moya: Comencé a escribir la novela con la misma secuencia con la que la leerá el lector. Me sumergí en El Vikingo, el ex luchador, sin más horizonte que desarrollar ese personaje, sin saber si estaba comenzando un cuento o una novela. Todo lo demás vino después.
 
C&M: ¿Considera que es, como se ha señalado, una suerte de conclusión de un ciclo de novelas previo?
HCM
: Nadie lo sabe, ni yo. El ciclo de novelas se ha ido desenvolviendo de una manera muy caprichosa. Un personaje muy secundario en alguna de las novelas de pronto se me planta con su historia y arranca otra novela. No sé si volverá a suceder.

C&M: ¿Cuál es la dinámica mediante la cual construye la trama? ¿Se trata de un abordaje que va de los personajes al argumento, o más bien es la idea inicial la que termina dando forma a los protagonistas de la historia?
HCM: En este caso comencé por los personajes, aunque había una idea inicial: las ganas de recrear la atmósfera de terror que se vivió en El Salvador en 1980, ese terror que lo permeaba todo y que casi se podía palpar en el aire.

C&M: La violencia en varios niveles (sociopolítica, simbólica) es un elemento cohesivo en esta novela. En medio de la tensión que provoca esa violencia, María Elena destaca notablemente por su pureza, dándole al lector una cierta esperanza en la redención de los demás personajes. ¿En algún punto del proceso fantaseó con un destino diferente para esta protagonista, o alguno de los otros?
HCM: Claro. Hubo un momento en que quise matar al Vikingo, pero esa hubiera sido una salida fácil y hubiera acabado con la trama. En el caso de María Elena, hay dos momentos claves, cuando ella decide ir donde el Vikingo. La primera vez lo hace con total certeza, pero en la segunda ocasión duda, hasta se mete a rezar a la Catedral en el camino. Sus dudas fueron mis dudas.

C&M: Si bien la historia que se describe es ficticia, se inserta en un contexto que la vuelve verosímil, y esto más allá del realismo con el que está escrita. ¿Cree usted que la ficción puede ayudar a reinterpretar la historia, o contribuir de algún modo a un abordaje de la misma por parte de las nuevas generaciones?
HCM: Siempre la ficción da una óptica que no da la historia, una visión llena de matices, otra forma de lectura. La historia está definida, y la mayoría de veces contada, por los vencedores. La ficción funciona de otra manera y es un reflejo de la complejidad del ser humano. La historia intenta contar el mundo de afuera, objetivo. La ficción muestra también lo de adentro, lo que se retuerce dentro del ser humano, esa es su ventaja comparativa.

C&M: ¿Cuáles son los temas que le inquietan u obsesionan? ¿Alguno de ellos le ha resultado, hasta la fecha, imposible de abordar?
HCM: Supongo que todo escritor tiene temas que lo obsesionan y que no puede abordar, y que en la medida en que no los puede abordar tampoco los revela, porque si los revela es seguro que nunca podrá escribirlos.
 
C&M: No pocos escritores han manifestado que el acto de escribir proporciona, a la vez, sufrimiento y goce. ¿Se reconoce a sí mismo en esa expresión? ¿Cuáles son las instancias de dificultad y de disfrute que puede reconocer en su proceso personal de escritura?
HCM: Yo gozo cuando escribo y sufro cuando no puedo escribir. Claro que el gozo de la escritura tiene las dosis de sufrimiento propias de quien escala una montaña y le duelen las piernas y le falta el aire, pero no por eso se detiene, sino que sigue adelante, porque sabe que alcanzar la cima será el gozo completo. En cambio el sufrimiento de los periodos en que no puedo escribir es inmovilizante, inútil, vacío.

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