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ENTREVISTA


Entrevista a Guillermo Barrantes, autor de

"HAY QUE DEJAR AL LECTOR CON LA BOCA BIEN ABIERTA"

Apasionado del relato de ciencia ficción en todos sus formatos, el autor Guillermo Barrantes se lanza en una primera novela en solitario luego de su muy comentada trilogía "Buenos Aires es Leyenda", co-escrita junto a Víctor Coviello y que también publicó la editorial Planeta. Bajo el sello Emecé, desembarcó en las librerías la primera entrega de una saga centrada en el preadolescente Enrique Enríquez, que tiene un abuelo muy especial: es científico vocacional y ha construído una máquina del tiempo, con la que pueden viajar a través de la historia argentina.
En diálogo con Cine y Medios, Barrantes nos dio algunas pistas para comprender su pasión por el género, habló de sus proyectos pasados, presentes y futuros. En síntesis, nos puso a viajar por su mayor afición.

Cine&Medios: ¿Cuál fue tu aproximación personal a la lectura y posteriormente a la escritura?
Guillermo Barrantes: Lo que más me gustaba leer de chico era un poco este género. Un chico es una persona sin inhibiciones y se hace muchas preguntas, que este tipo de literatura permitía cuestionar. Yo quería leer esos libros; que me hablaran o que me trataran de dar una respuesta a estas preguntas. Uno de los primeros libros que leí que me partió la cabeza fue "Cosmos", de Carl Sagan. Todo tomado desde un punto de vista muy lógico y racional, te das cuenta que el tipo que estaba escribiendo no se creía nada; tocaba temas fantásticos, de ciencia ficción, muy seriamente y con pruebas. Desde la evolución hasta los extraterrestres, con un método muy lógico y exhaustivo. Fue un libro que me quedó para toda la vida, y esto en lo tocante a la divulgación. Con respecto a la ficción, el libro que más me marcó y que, de hecho, está muy citado aquí en forma de homenaje es "El fin de la eternidad", de Isaac Asimov. Yo ya estaba metido en la ciencia ficción, y en ese sentido coincido con la definición que hizo Philip K. Dick, que para mí es la más acertada que existe. Dice que "una historia de ficción se puede llegar a resumir en un `qué pasaría si...´. La ciencia ficción sería `¡¡Dios mío!! qué pasaría si...?´" Esas historias de fogón, la diferencia entre un hombre que se sienta y te cuenta lo que le pasó en el día y otro que dice "¡no sabés lo que me pasó!". Mi caso fue en un comienzo eso: querer leer estas historias, querer saber por qué o para qué estamos acá, si hay vida después de la muerte, esas preguntas que nos persiguen a todos y a las que tapamos con un manto de rutina, porque nos comprometen en nuestra racionalidad. El escritor de ciencia ficción las tiene todo el tiempo afuera, son un poco sus fantasmas.

C&M: ¿Hubo alguien que, a la manera de Pototo - el abuelo del personaje- te fuera orientando en las lecturas? ¿Tuviste algún referente?
GB: ¿Sabés que no? Fueron los libros. Una de las primeras cosas que también leí fue la saga de Elige tu propia Aventura, tenía en casa todos los libros que podía. Y yo me daba cuenta que justamente los títulos que más me gustaban eran "Guerra contra el amo del mal", "La casa del terror"... Los policiales me gustaban, porque en el mecanismo de la serie en sí estaban buenos, pero las tramas de ciencia ficción me gustaban mucho más que las de terror o fantasía. Los autores también me fueron llevando, el mismo Carl Sagan luego escribió una novela muy buena que se llama "Contacto". Y de Asimov me convertí en un fanático total, me había dejado muy impresionado con "El fin de la eternidad" porque no sólo contiene una historia fabulosa de viajes en el tiempo, llena de paradojas y de cosas fantásticas, sino también, y sobre todo, una historia de amor.

C&M: ¿Y exactamente cuándo comenzaste a escribir? ¿Movido por los libros y evidentemente también por el cine y los comics?
GB: La primera vez que pensé "upa, esto está bueno" fue con un amigo de la infancia, al que veía muy de vez en cuando. Éramos muy fanáticos de las cartas Cromy de superhéroes, nos las conocíamos de memoria. Entonces se me ocurrió crear nuestras cartitas y así las llamamos: "cartitas". Con nuestros propios superhéroes absurdos y sus características: fuerza, velocidad, altura, incluso cantidad de pelo (risas). Cuando nos juntábamos lo primero que hacíamos era mostrarnos nuestras creaciones; ese era el momento culminante de nuestro encuentro, saber qué había inventado cada uno y ver la reacción que el otro tenía. Pasado el tiempo, en tercer año teníamos clases de computación cuando la computadora era un boom, una novedad. A lo sumo había uno o dos compañeros que tenían una Commodore. Y se ve que el profesor tampoco tenía mucha idea de qué hacer con nosotros, porque nos hacía sentar frente al procesador de texto y nos dejaba hacer lo que quisiéramos.
Yo que venía de escribir algunas pavadas, algunas biografías de los personajes de las cartitas que más me gustaban, en una máquina de escribir pesada... pasar de esa máquina vieja y dura como una roca a la compu era genial. En esa hora que nos dejó el tipo libre yo escribí un cuento (de ciencia ficción, por supuesto) que se llamaba "El vengador del planeta negro". Y que había tenido un movimiento marketinero previo entre mis compañeros, porque para interesarlos en la historia lo que hice fue meterlos como personajes. Querían saber qué les pasaba a sus personajes, así que esa historia original tuvo once, doce continuaciones. Cuando se moría algún personaje era todo un duelo.

C&M: ¿Y a partir de allí escribir se hizo una costumbre paralela a leer, hubo impasses?
GB: Leer nunca pude dejar de leer: películas y lectura son una pasión que si me faltan por un tiempo lo siento. Después del cuento, empecé a escribir casi continuamente cuentos, montones de cuentos. Uno lo testea con sus amigos, pero también en talleres literarios. Y empecé a ir a uno, a otro, y siempre me daba la sensación de que estaba todo "demasiado bien", no terminaba de aprender nada nuevo porque nadie me corregía. Hasta que llegué al taller literario de Marcelo DiMarco, en Palermo. Allí ya había un grupo consolidado y el primer cuento que leí me lo destruyeron, con mucho estilo... ¡por eso me quedé!. Se trataba de aprender un poco a contar las historias, porque la base está en eso: contar una historia donde al personaje lo ponés en una situación desesperante, esto es el corazón de la ciencia ficción. Si una película, por ejemplo, consigue que te olvides de que estás viendo eso, sino que más bien lo estás viviendo, es que estás frente a un buen director. Con el libro pasa lo mismo, si el escritor es bueno y si la historia está tan bien contada que estando en el sillón de tu casa te olvidás que estás pasando las páginas... eso sólo lo pueden hacer los grandes. El objetivo humilde de uno es llegar a conseguir un día algo parecido, aunque sea con un tramo de una historia propia.

C&M: ¿Cuál fue tu transición del relato a una novela y justamente encararla desde el lugar de un viaje por la historia argentina?
GB: Hay una novela anterior que no está editada, que he ido corrigiendo, corrigiendo y corrigiendo. Cuando empecé a escribir y me enfocaba en los cuentos, me parecía imposible llegar a contar una historia en tantas páginas. Si bien las podía leer, me parecía que no se podía mantener el interés del lector en tantas páginas. Y sin embargo, mis escritores preferidos escribían novelas, y mi mujer Romina me insistía en que tenía que jugarme. Entonces con el disparador de una idea arranqué, escribí las primeras treinta páginas de una novela inédita que tiene que ver con la Biblia, y cuya idea surgió de un capítulo de Los Simpsons. Está claro que la inspiración viene del lugar más inesperado. La cuestión es que ese disparador, esas treinta páginas, quedaron paradas por unos cuantos meses hasta que encontré cómo seguirlo, empecé a escribir y a escribir y me fue llevando la historia. Ursula K. LeGuin decía que esto es como empujar un carrito por una guía; la historia se va contando sola, la estructura está pero queda llevarla. La primera aproximación a la novela fue entonces gracias a la insistencia de Romina y encontrarme con la idea justa, un disparador de aventuras. Y además meterme con la Biblia, con lo místico y lo mítico, me fue llevando. Tuvo casi 300 páginas y aún la sigo corrigiendo.

Los cuentos siguieron estando siempre, algunos se empezaron a publicar y después salió lo de "Buenos Aires es leyenda". Luego un programa de radio, le llevo la idea a un compañero mío en el taller, la trilogía marchó de maravilla y ahora pensé que sería bueno escribir una novela que fuera publicada, no pasármela corrigiendo, y que lleve algo interesante al público juvenil. En un primer momento cuando llevo la idea a la editorial (usando un poco la chapa de haber sido publicado allí), era más complicado porque dependía que les gustara. Y en ese sentido fue todo mejor de lo pensado. La idea fue llevar un poco de historia argentina, de momentos interesantes y no muy conocidos, a través de un libro de aventuras. Un libro que el chico tenga ganas de leerlo, de agarrarlo y no dejarlo hasta el final. Que no le pase como le pasa a la mayoría de los manuales, que son agarrados a la fuerza, subrayados y luego olvidados. Que sea una aventura, que les enseñe cosas que realmente pasaron y que fundamentalmente, sea una buena historia, bien contada.

C&M: Teniendo en cuenta que la ciencia ficción es un género que permite meterse con cualquier otro género en términos de mestizaje, de mezcla... ¿Cuál creés que fue el camino que seguiste en términos de aprendizaje, después de "Cosmos"?
GB: Fue un poco de todo. "Sábados de super acción" por ejemplo (N. de la E: segmento fílmico de la programación de Canal 11 en los años ´60 ,´70 y´80), una especie de puntapié inicial, estar el sábado a la tarde solos en casa y pensar "¿qué hacemos?". Estaba este segmento que tenía de todo y sobre todo mucha ciencia ficción, terminás viéndolo en lugar de "Sábados de la Bondad" porque no había más que cuatro o cinco canales. Buenísimo, porque nos estaban contando las historias que no se animan a contar otras películas. Y me divertían.

C&M: Llega un momento que los lenguajes se cruzan, y eso (el lenguaje y la estética del cine, del cómic) se nota en la novela, sobre todo la forma de describir algunas situaciones.
GB: Es que todo de repente, cuando uno se mete en ese mundo de la ciencia ficción, se encuentra mezclado. Con mi amigo éramos también muy fanáticos de un comic que sólo se podía conseguir en casas de usados, que se llamaba Mortadelo y Filemón (N. de la E: de la editorial española Bruguera, en sus orígenes). Todavía tengo esa colección en casa y sigo pidiéndole a mis amigos de España que me las traigan. A los doce años, comprar una revista rara nueva, de un humor absurdo y que no estuviera en ningún lado, también se cruza con las cosas que ves en la televisión... Y llega un momento en que la cabeza te hace un click con el tiempo, leyendo y viendo películas. La película "La Máquina del Tiempo" de H. G. Wells que también estoy seguro la pasaron en Sábados de Super Acción, no me la puedo olvidar. ¡Y "Volver al Futuro"! vi la primera y me mató, la segunda en la casa de un amigo directamente me volvió loco, todo el tema de las paradojas temporales. Cuando ves todo esto y cuando empezás a escribir lo tuyo en tu propio universo, tu cabeza hace un click y te das cuenta que no te importa lo que digan, por más que te definan como "fantasiosas" las películas que te gustan (en el término peyorativo del término), no te importa nada.
En la casa del mismo amigo también vimos "Highlander" y me acuerdo que después que terminó, mis cinco o seis amigos se fueron a hacer otra cosa, pero yo pedí quedarme viéndola de nuevo, disfrutándola solo. Yo quiero leer y escuchar este tipo de historias y quiero contarlas también, y para esto es fundamental entender bien de qué se trata. Hay que dejar al lector, al público, con la boca bien abierta. Cuando te sentís bien dentro de ese universo querés agarrar lo que sea. Si hubiera formas chinescas que plantearan este tipo de cuestiones, también las utilizaría para mis historias. Zona 84, Moebius y un par de comics más, además de la revista Péndulo (aunque  yo la conocí cuando ya no estaba más, y se conseguía). Así conocí a Carlos Gardini, que es uno de mis autores preferidos de ciencia ficción argentinos, a Ana María Shua... Y después las vueltas de la vida me terminaron llevando a corregirle un libro al propio Carlos Gardini. Por un tiempito, un año, hubo un proyecto de editorial virtual llamada Abismo, yo era el director editorial y el primero que editamos fue el libro de él; después de otros dos libros desapareció, pero valió la pena totalmente. Cuando uno se mete en ese campo quiere saber más acerca de monstruos, naves espaciales, vistas desde un enfoque racional y de probabilidades. Como hacía Asimov, que escribía ciencia ficción después de estudiar y publicar mucho trabajo de divulgación.
Por eso, respecto de la trilogía "Buenos Aires es Leyenda", a mí y a Víctor Coviello nos han dicho que somos una pareja tipo la de X-Files, que yo soy la mujer (Dana Scully, interpretada en TV por Gillian Anderson) y él el tipo (Fox Mulder, interpretado por David Duchovny), en el sentido de que yo soy más científico, porque si bien me interesan estos temas soy de ponerle palitos en la rueda a Víctor para que en el libro queden los mejores mitos, los que más me sorprenden. Él abre puertas que yo no he abierto.

C&M: Volviendo al tema del proyecto de tu personaje protagónico, Enrique Enríquez. Al presentarlo ¿ya lo imaginaste y lo presentaste como una saga, o a medida que lo escribías se abrió esa posibilidad?
GB: No, lo pensé como una saga. Por mi formación y mi fanatismo, dentro de la ciencia ficción el tema que me obsesiona son los viajes en el tiempo. Es un sueño haber escrito y editado mi primera novela basándola en ese tema. Y lo empecé pensando que estaría bueno, porque también tengo desde chico una especie de cariño por las sagas. Desde la época en que no eran tan comunes, claro; ahora aparecen todo el tiempo, porque si una historia deja “ganancia”, imaginate cuatro. Pero antes no era tan común, no tenías muchas sagas.

C&M: ¿Y este proyecto es el único en que vas a enfocarte o estás abordando otros en paralelo?
GB: No, hay unas cuantas cosas. Si bien la trilogía de "Buenos Aires es Leyenda" la dimos por terminada, estamos a punto de sacar en 2011 un nuevo libro dentro de ese universo. Vendría a estar a medio camino entre el comic y la trilogía, una especie de Bestiario de seres fantásticos de Buenos Aires. La verdad es que no pensábamos seguir con nada que tuviera que ver con esto, pero porque cada uno tiene sus proyectos y queríamos hacerlos en solitario. Y de repente llegó Patricio Oliver, un dibujante que quería hacer algo de mitos con nosotros y después de ver los dibujos le dimos el OK. En este momento no hay un bestiario que sea bien nuestro. Sería un libro en el que los protagonistas exclusivos serían estos personajes fantásticos: el taxista de la muerte de Chacarita, el lobizón de Versalles, en una página. Y en la otra, una descripción bien de bestiario, con un toque de los libros anteriores.
Después de "El Temponauta", Emecé me pide que les vaya llevando las otras historias, yo pienso que estos libros van a empezar siendo para chicos y terminarán siendo para todas las edades. Porque es lo que pasa un poco con los libros. Si el padre del chico agarra el libro, me gustaría que no lo suelte, que le guste tanto como al hijo.
También dejé otros dos proyectos, un libro de cuentos y una novela que es la que estoy escribiendo en este momento. Estoy viendo por cuál me decido para poder enfocarme un poco más, asimismo pienso otros destinos para Enrique. Y además, hay un programa en Montevideo, en Uruguay, que se llama "Voces anónimas", de mitos urbanos, que empezó en 2005 o 2006 y les dieron presupuesto para seguir con un segundo ciclo, pero de mitos no sólo uruguayos sino internacionales. Les llegó nuestro segundo libro y se pusieron en contacto con nosotros para contar tres historias: la del taxi, la de Gardel y la del chat diabólico. De los cinco programas más vistos del ciclo, nuestras tres historias estaban allí... así que me llaman para contar mitos tanto de allá como de España y además para guionar unos capítulos. Me gustó mucho hacerlo, como fanático del cine y de las buenas series y este es un acercamiento a todo esto.

C&M: ¿Y cómo te encontrás trabajando en tantos frentes? ¿te pierde o te ayuda a alimentar una cosa con otra...?
GB: Sí, como siempre está todo dentro del mismo campo, si bien está bueno también hacer cosas que escapen de la curiosidad de uno. Por ejemplo, uno de los guiones que tuve que hacer para este programa fue acerca de Cromañón (N. de la E: los sucesos que tuvieron lugar la madrugada del 30 de diciembre de 2004 en el boliche República Cromañón, en Buenos Aires), casi sin elementos de ficción y tuve que guionarlo. No se aparta, eso sí, de contar una historia diferente, fuera de lo común, y hay que saber cómo contarla.

Leer reseña de "El Temponauta"





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