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EDITORIAL

HOJAS AL VIENTO: LO QUE LA FERIA NOS DEJÓ

La Feria del Libro, una vez más, levanta sus stands y deja a los habitués con esa sensación de nostalgia de todos los años. De acuerdo a las cifras reconocidas por los organizadores (oficialmente no se dieron parciales, pese a que los días domingos y el feriado del 1º de Mayo fueron los de más concurrencia de los últimos años), más de 1.200.000 personas visitaron el prestigiado evento.
Paralelamente, las editoriales manifiestan haber vendido un 20% más respecto del año 2005. De acuerdo a lo observado, la ecuación público-ventas no demuestra un crecimiento significativo; ya que, exponencialmente, estamos casi frente a la misma proporción del año pasado. Si además se tienen en cuenta los títulos "más vendidos", habría que pensar cuánto de marketing hay detrás del tan mentado boom editorial.
Para el asiduo observador no es difícil advertir que la tendencia de todos los años se repitió también en éste: la cantidad de público aumenta en una proporción de unos pocos miles por cada edición, pero de manera sostenida y continua.
¿Cómo explicar este fenómeno en un país donde se compran tan pocos libros al año? ¿Los que asisten a la feria del libro son una especie de "elite ilustrada"? Aunque esto último no alcanza a explicar la presencia masiva en las conferencias de autores como Alejandro Jodorowsky o Arturo Pérez-Reverte, cuyas presentaciones agotaron al instante la capacidad de las salas y dejaron afuera a muchos genuinos interesados.
Las flaquezas en la comunicación de los distintos eventos persisten: hubo muchas confirmaciones tardías y algunos autores pasaron sin mucha pena ni glora por los rincones de lectura porque no llegaron a ser incluídos en el programa oficial de la Feria. Programa auspiciado por los dos diarios de mayor circulación nacional; hecho auspicioso, claro está… en la medida en que no se convierta en un avance invasivo de los multimedios propietarios sobre la organización de los contenidos.
Varios de los habitués de las viejas Ferias se encontraron a conversar con nuestros cronistas, añorando las épocas del viejo Centro Municipal de Exposiciones. Otra mística, sin duda, pero también otro espacio, y una realidad editorial más amable para con el bolsillo de los ávidos lectores.
Cuando comenzó a sentirse la recesión (hacia el año 1997), quienes compraban pocos libros al año esperaban la semana de la Feria del Libro para aprovisionar sus bibliotecas. Respondiendo a la expectativa, las editoriales y las cadenas de librerías ponían en sus mesas de saldos y ofertas títulos a menor precio que el del mercado; también era posible encontrar títulos de edición limitada, o saldos que hace tiempo no se encontraban a la venta. Todo esto, sumado al plus histórico del descuento de la entrada sobre el valor de la compra.
Con el paso de los años, el espacio quedó chico y la semana, corta: la Feria se mudó a la Rural (negoción para el subte, que te deja prácticamente en la puerta) y ahora dura 17 días. Las ofertas fueron disminuyendo gradualmente, hasta el punto en que hoy es bastante raro ver salir al público desbordado de bolsas. Uno o dos libros, es el promedio de los que compran; pero gran parte de los asistentes no se lleva nada. A esto hay que sumar que para acceder al descuento por la entrada ahora hay que comprar por un valor superior a 50 pesos.
En síntesis: la feria se mercantilizó, y hoy apenas es una exposición del mercado editorial en medio de ofertas de otro tipo, stands de comida y cafetería incluídos. Entonces, ¿por qué sigue la gente llenando el espacio cada vez más amplio de la Rural de Palermo? Sea que estemos frente a una era de nuevos lectores, lo importante sería no perder de vista el espíritu original de la Feria del Libro: acercar a los lectores a sus autores de preferencia, contactarlos mediante rondas de charla y firmas, captar el interés de las nuevas generaciones y promover la lectura en todos sus aspectos.
Los lectores fieles y ávidos, de cualquier modo, saben cómo buscar y siempre pueden recurrir a las librerías clásicas por ofertas o raras avis. Celebremos la presencia de las figuras literarias de renombre, que comienzan a mostrarse por estas latitudes. Mientras tanto, habrá que aprender a adaptarse a esta nueva Feria y rogar que la globalización del mercado no termine devorando (o devaluando) una bonita costumbre.



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