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EDITORIAL

#NIUNAMENOS Y LA HIPOCRESÍA DE LOS MEDIOS

Dicen que las reglas fueron creadas para romperlas. Cuando somos chicos se nos enseña a pedir permiso, dar las gracias, pedir perdón, sonreir. De grandes, aquellos a decididos a vivir libres, deciden cuando conviene pedir perdón antes que permiso, a quien sonreir o no dar las gracias por algo que les corresponde. Ser libres para decidir, y ejercer esa libertad, convierte a cualquier sujeto en un ser impredecible, algo que la sociedad no ha tolerado jamás y que en los tiempos que corren pone muy nervioso a más de uno.
Con pocos días de diferencia se realizaron dos marchas masivas, de gran concurrencia. Una fue producto del Encuentro Nacional de Mujeres que se celebró en la ciudad de Rosario, Santa Fe; la otra fue una marcha convocada por víctimas de la delincuencia, que se congregaron en la Plaza de los Dos Congresos. La primera no se apoyó en los medios ni mucho menos salió a buscar aprobación alguna de ningún poder. La segunda se apoyó en los medios, se permitió ser interpelada por cuanto periodista quisiera hacerlo y ante la exposición de un discruso apto para la sociedad a la que esos medios se dirigen, tuvieron la bendición mediática para manifestarse. La primera fue invisibilizada por los medios y solo obtuvo cobertura cuando un grupo de manifestantes decidió realizar algunas pintadas en diversas fachadas de la ciudad rosarina. La segunda tuvo la cobertura que el horario de los noticieros vespertinos otorga y la comprensión que el dolor, legítimo y no discutible, de las víctimas impone.
Los medios sufren hoy una esquizofrenia galopante. Al tiempo que no demuestran interés alguno en intentar siquiera comprender de qué se trata un Encuentro Nacional de Mujeres, salen a golpearse el pecho y explotar todo lo que pueden el crimen de una nena de 16 años que fue drogada, violada y asesinada por dos hijos de satán. Se regodean ante la declaración de la fiscal del caso, quien no escatimó escabrosos detalles de lo sucedido para deleite de editores y jefes de redacción.
Los mismos que dan aire a un humorista para que se de el gusto de pedir bala para un tipo que se afanó un celular, se escandalizan por algunas pintadas en Rosario. Se escandalizan más porque las pintadas las hicieron mujeres, y más se escandalizan porque muchas de esas mujeres estaban en tetas. Claro, las tetas, en algunos programas de tv, se usan para vender a la vedetonga que les servirá para obtener algún dinero extra como comisión de los clientes que obtenga. Porque la mina en bolas para prostituirla está bien, pero si se pone en bolas para pelear por su derechos se vuelve peligrosa, impredecible.
Para qué mentir, nuestros medios no van a cambiar en lo inmediato. La televisión y la radio están llenas de maltratadores, denunciados por violencia doméstica, misóginos y discriminadores natos. La buena noticia es que para que la sociedad cambie no tenemos que esperar nada de los medios. El cambio lo haremos nosotros, desde nuestros lugares, en la calle, provocando y rompiendo reglas, como debe ser.



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