cineymedios

EDITORIAL

LAS BODAS DE COLÓN

Transcurría un tórrido febrero de 1936 y los bailarines hacían honor al Carnaval, danzando en la sala del teatro Colón, en los palcos y hasta en el salón dorado. Del techo caían sobre sus rostros algunas gotas de las barras de hielo que, emplazadas sobre la cúpula, intentaban refrescar el ambiente. Unos cuantos años después, otras gotas, esta vez de champagne, brincaban en los salones, al compás de los brindis que cruzaban Nelson Rockefeller y funcionarios de la dictadura que, solícitos, habían cerrado el teatro en homenaje al visitante.
Como se verá, la historia de nuestro teatro Colón incrementó la cifra que anticipaba la sabiduría del viejo Marx, cuando recordaba que “La historia se repite dos veces, primero como tragedia y después como farsa”. Después de alojar a cuanto gorgorito popular quisiera propalarse en sus tablas, el teatro será ahora también ámbito para celebrar bodas.
Ciertamente que la cultura es una actividad humana que presenta algunas dificultades, a la hora de conceptualizarla. Pero son incertidumbres sobre sus límites, que nunca afectan a su contenido. No es el caso de los funcionarios que actualmente tienen a su cargo las áreas ministeriales pertinentes: no dudan sobre los límites de la Cultura, los ignoran.
Desde las izquierdas siempre se le reprochó a la derecha su pobreza cultural. La objeción no es temeraria, es veraz. Sin embargo, no es ella la que explica la farsa presente. Es de creer que la justificación del nuevo desaguisado no está en esa carencia, sino que también está, otra vez, en Carlos Marx: el Teatro Colón es para nuestros númenes culturales la plasmación del fetichismo de la mercadería, del que hablaba en el primer capítulo de "El Capital". El teatro es una mercadería “fantasmagórica” y como tal es transable, arrendable, destinable a celebrar bodas, divorcios, ensamblaje de familias, encuentros de feng shui y cuantos otros “eventos culturales” imaginen nuestros prohombres.
De unos años para acá, Colón está asociado a numerosas destrucciones. Hasta su figura es un modelo para armar, con el que se juega en la Costanera. Nada diferente a la fusión que puede resultar de los ecos de María Callas o Alfredo Kraus, que aun moran en el teatro, mezclados en un futuro carnaval carioca que cierre un festejo opulento.



Copyright 2006 © Cine y Medios - Se autoriza la reproducción citando la fuente. Todas las imágenes son copyright de sus respectivos dueños, excepto donde se indique, publicándose las mismas con fines informativos