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EDITORIAL

VINILO

Un día se decretó la muerte del vinilo; fue allá en los inicios de la década del noventa, pero nunca murió del todo, se hizo el muerto para ver quién lo lloraba. Y fueron muchos los que lloraron su ausencia, los mismos -o más- que hoy celebran su vuelta.
Alemania y Japón nunca dejaron de fabricar discos de vinilo, técnicamente conocido como pvc, y todo aquel que los haya disfrutado sabe de qué se trata. Solo quien nunca comparó el sonido de un vinilo con el de un cd ignora de qué estamos hablando, y se pierde una experiencia auditiva superior, desconocida por los hoy ávidos consumidores de música en formato digital.
Hace ya algunos años que pueden comprarse discos de vinilo en Buenos Aires, todos importados -fabricados mayormente en Alemania, aunque hay algunos de República Checa- y a precios prohibitivos. La buena noticia es que pronto comenzarán a fabricarse en Argentina, por la fábrica Láser Disc. Desde la compañía aseguran que los vinilos nacionales cumplirán con los estándares internacionales de calidad, y esto es de particular importancia para aquellos que sufrieron la paupérrimas edicionas argentinas de las décadas del 70 y 80, cuando se hacían discos de menos de 100 gramos -ahora tienen entre 180 y 200 grs-, con pésima calidad en las tapas y un sonido espantoso.
Nicolás Musco, hombre de amplía trayectoría en el medio discográfico y años de experiencia tanto en Argentina como en Europa, está al frente de Láser Disc y es quien asegura que la importancia de la fabricación local no radica solo en el costo que finalmente tendrá para el consumidor, sino en el hecho de contar con el producto con una inmediatez que antes era imposible tener.
Y a esta altura muchos de ustedes se preguntarán ¿quién quiere comprar vinilos? Pues bien, las empresas invierten en función de rentabilidad, nadie quiere perder dinero, y la realidad es que el negocio del vinilo crece dia a día, mientras el del cd cae.
Porque el vinilo está asociado a algo más que a una cuestión auditiva, ofrece la posiblidad de llevar adelante un ritual que la música en streaming no tiene. El objeto físico, su posesión, el disfrute del arte de tapa y el "cuerpo" que tiene el sonido analógico, sumado al clima que se elija para disfrutar el disco; ya sea una cena romántica, una reunión de amigos o el disfrute más personal mientras se saborea un trago, todo hace a un ritual que lo digital no abarca.
Por otra parte, hay que reconocer una realidad que los medios tan acostumbrados a mirar hacia su ombligo soslayan. No todo el mundo tiene internet, muchos no tienen siquiera una computadora, menos van a tener un servicio de video o música en streaming. A media hora del obelisco no se obtiene más que 3 megas de velocidad, con suerte, y si vamos al interior del país mejor olvidarse de la velocidad y calidad en el servicio, de casualidad andan los móviles.
De manera que bienvenido sea el regreso de un soporte noble que será una opción más para el melómano, quien en definitiva optará por el medio que más le guste, pero lo más importante es que tendrá más para elegir. Eso siempre es bueno.



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