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EDITORIAL

FIEBRE DE OSCARS, PASION DE MULTITUDES

Se acerca la gran fecha del cine norteamericano, históricamente posicionada como referente a la hora de evaluar la producción cinematográfica considerada “comercial”. Si bien hace ya un tiempo que los entendidos bastardean las nominaciones o cuestionan los premios desde lo simbólico y lo político, continúan siendo un referente indiscutible para todo buen observador del séptimo arte.
Siguiendo la tendencia de algunas de las más recientes ediciones, en el cuadro de nominaciones hay un claro predominio de “biopics”, o bien, films basados en hechos reales. La realidad es que en aquellas latitudes, la vida de ciertas personalidades (sobre todo artistas: y mejor aún, artistas malditos) tiene un atractivo de taquilla sólo comparable al morbo que causan las grandes catástrofes. Para muestra basta un botón: de las cinco nominadas a la categoría de Mejor Película, tres se basan en hechos reales.
Capote” aborda un período bisagra en la vida del genial y polémico escritor norteamericano. “Buenas noches y buena suerte”, es una mirada puntual sobre el macartismo, basada en la experiencia personal del periodista televisivo Edward R. Murrow y su equipo. “Munich” narra con alguna licencia artística los hechos posteriores al secuestro y ejecución de 11 atletas israelíes en 1972. Pero no olvidemos que también una de las películas mimadas en entregas previas, “Johnny y June: pasión y locura” es una acotada biografía del cantante Johnny Cash.
Es notable también la modesta producción de la mayoría de las principales candidatas. Producciones de calidad a bajo costo... ¿cuánto tiempo hace que Hollywood no presenciaba este fenómeno? Con la excepción de “Munich”, los films ternados ostentan  presupuestos que no superan los 30 millones de dólares, hecho que da una cierta unidad a la categoría.
Asimismo hay que destacar un par de sorpresas en los rubros actorales, especialmente masculinos. Hace no mucho tiempo nadie habría apostado que el carilindo Heath Ledger podría estar compitiendo con figuras de la trayectoria de Joaquin Phoenix y Phillip Seymour Hoffmann. Y David Strathairn constituye un hallazgo de peso; mérito de George Clooney, cuya película se luce doblemente gracias a esta notable performance.
Menos sorpresivos quizá son los rubros femeninos. ¿Qué puede hacer la Academia cuando no hay una actuación descollante, que se imponga por encima del resto? Pues... Recurrir a los “clásicos”. ¿Ejemplos? Ahí está, como casi todos los años, la sempiterna Judi Dench (gran actriz a no dudarlo, pero con el sabor amargo de la recurrencia), una más reciente ganadora Charlize Theron y otra sorpresa, Keira Knightley. Todas acertadas elecciones, pero con personajes ajustados, que no ofrecen mucho margen para el error. O sea, fácilmente nominables.
Se ha comentado mucho sobre la decisión poco común de la Academia de meterse con temas políticamente incorrectos. Mirando de cerca, es curioso cuanto menos que “Crash”, de Paul Haggis, se haya alzado con seis nominaciones en las categorías principales.
Aunque (como suele suceder) lo más probable es que los premios efectivos vayan a films más “seguros”, no deja de ser alentador que cierto tipo de temáticas tengan lugar en una premiación que se caracteriza por un superficial compromiso político con la realidad, y por un cada vez más deslucido espectáculo en torno a lo que es considerado buen cine. Para muestra… ¿Cuántos grandes maestros del séptimo arte tuvieron su reconocimiento a tiempo?



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